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Actividad física y fisioterapia en el manejo del dolor crónico: una revisión narrativa

El estilo de vida de cada paciente juega un papel importante en la gravedad y persistencia del dolor musculoesquelético crónico. 

Nuria Ayala, fisioterapeuta neurológica a domicilio en Madrid.
Nuria Ayala - Fisioterapeuta

El dolor crónico hace referencia a aquel dolor que persiste más tiempo de lo normal. Generalmente más de tres meses de curación. Y se caracteriza por cambios en las funciones del cerebro, neuroinflamación y sensibilización central.

Actualmente la evidencia también destaca el papel tan importante que tienen los diferentes estilos de vida, tales como la inactividad física, el estrés, los problemas de sueño, dietas poco saludables o hábitos tóxicos, etc. en la gravedad y persistencia de dicho dolor. 

A medida que ha mejorado la comprensión del dolor crónico en las últimas décadas, se han realizado cambios significativos en el enfoque terapéutico para el tratamiento del dolor crónico. Nos alejamos de intervenciones únicamente biomédicas para acercarnos a enfoque multimodales que integran la complejidad biopsicosocial del dolor.

Por ello la actividad física y el ejercicio se han reconocido como esenciales en el tratamiento del dolor crónico. 

Puntos clave sobre actividad física y dolor crónico:
- Modulación del dolor: El ejercicio estimula la producción de neurotransmisores como endorfinas, serotonina, dopamina y endocannabinoides, los cuales ayudan a reducir el dolor, aumentar la resiliencia emocional y disminuir la recompensa asociada a ciertas conductas adictivas.
- Inflamación y neuroplasticidad: La actividad física disminuye la neuroinflamación y mejora la función inmunológica, lo que favorece la plasticidad cerebral y mitiga la sensibilización central relacionada con el dolor persistente.

Impactos adicionales en los hábitos de vida:
- Sueño: El ejercicio regula los ritmos circadianos y aumenta la calidad del sueño, aunque se recomienda combinarlo con terapia cognitivo-conductual para tratar el insomnio en casos complejos.
- Estrés: El ejercicio reduce los niveles de cortisol, mejora la tolerancia al estrés y promueve una mayor sensación de bienestar y resiliencia.
- Alimentación: La actividad física mejora la sensibilidad a la insulina, regula las hormonas del apetito (leptina, grelina) y favorece mejores decisiones alimentarias, ayudando así al control del peso y hábitos saludables.
- Reducción del consumo de tabaco: El ejercicio disminuye el deseo por la nicotina al estimular el sistema de recompensa cerebral, ayudando a manejar la ansiedad y los síntomas de abstinencia.

Recomendaciones: 
- Se sugiere diseñar programas de ejercicio individualizados y multimodales que incluyan educación en dolor, estrategias de alimentación saludable, higiene del sueño y manejo del estrés.
- La actividad física debe ser un componente esencial, promoviendo la autogestión y el abordaje integral del dolor crónico para mejorar la calidad de vida.

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