Efectos del ejercicio físico en la enfermedad de Alzheimer
La investigación científica ha demostrado que el ejercicio físico puede ser una herramienta no farmacológica muy valiosa en su prevención y en la mejora de la calidad de vida de quienes la sufren.
El envejecimiento de la población, impulsado por el aumento de la esperanza de vida, ha conllevado un notable incremento en el número de personas que padecen Alzheimer. Aunque actualmente no existe un tratamiento curativo para esta enfermedad, la investigación científica ha demostrado que el ejercicio físico puede ser una herramienta no farmacológica muy valiosa en su prevención y en la mejora de la calidad de vida de quienes la sufren.
Numerosos estudios señalan que la actividad física regular ayuda a retrasar la aparición del deterioro cognitivo y disminuye el riesgo de progresión de síntomas. Las personas sedentarias incrementan considerablemente sus probabilidades de desarrollar alteraciones cognitivas, mientras que quienes practican actividad física muestran una evolución más favorable y mayor bienestar emocional.
El ejercicio físico se ha propuesto como una alternativa de bajo coste, fácil acceso, pocos efectos secundarios y grandes beneficios. Por ello es necesario recomendar practicar actividad física aquellas personas que, por diferentes motivos, tengan factores de riesgo de padecer alzhéimer.
Beneficios del ejercicio físico en Alzheimer:
Diversos estudios indican que mantener una rutina de actividad física regular puede:
✓ Retrasar el desarrollo de la enfermedad y la aparición del deterioro cognitivo.
✓ Mejorar la calidad de vida de las personas afectadas, al favorecer la función motora, el estado de ánimo y el bienestar general.
✓ Disminuir notablemente el riesgo de deterioro cognitivo en personas sedentarias, en comparación con quienes practican ejercicio.
Razones para recomendar actividad física:
El ejercicio físico es considerado una alternativa de bajo coste, fácil acceso y con mínimos efectos secundarios, por lo que se recomienda especialmente en:
- Personas mayores con factores de riesgo de Alzheimer o predisposición genética.
- Aquellos que, por diferentes motivos, no practican actividad física de forma habitual.
Recomendaciones clave:
- Incluir el ejercicio físico como parte de las estrategias preventivas frente al Alzheimer, promoviendo su práctica habitual.
- Adaptar las rutinas según capacidades individuales, priorizando actividades aeróbicas, de fuerza y equilibrio.
- Fomentar la participación en programas grupales, que añaden beneficios sociales y cognitivos adicionales.
El consenso actual es que la promoción de la actividad física regular resulta esencial para reducir el impacto del Alzheimer, retrasar la progresión de los síntomas y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas. Por ello, acudir a fisioterapia es primordial para dichos pacientes.
